Nº 3251

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Miércoles 26 de Julio de 2017


ISSN 1982-1601


Los médicos envían a los enfermos a los balnearios, no para curarlos, sino para quitárselos de delante.
(Santiago Rusiñol)

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Carta abierta de un 'liberal' a una 'psicodélica'

Antonio Moya Somolinos

Lunes 18 de Mayo de 2015





Parece que la ruteña Ana Burguillos sigue erre que erre dándole a la tecla, aunque se advierte en su última misiva que está un poco hasta los cojones de este deporte pues dice que da por finalizado el tema. No se da cuenta de que para que el tema quede finalizado deberá contar con mi opinión, ya que este es un tema proindiviso, y mi opinión es esta: Debido a que ella ha escrito dos misivas y yo solo una, lo razonable es que el tema quede finalizado cuando yo emita mi segunda misiva, porque entonces estaremos empatados a dos. Y mi segunda misiva es esta, salvo que ella siga con el deporte del pim pam pum y emita una tercera, en cuyo caso yo haré lo propio.
 
Estimada Ana: 
 
Ante todo, advierto en tu última misiva que te permites por dos veces el lujo de "no permitirme" algo. Y yo, que soy liberal por convicción, esto es, que ante todo respeto la libertad de los demás para que digan o hagan lo que les salga a los cojones, te pregunto: ¿Quien coño te crees que eres tú para permitirme o dejarme de permitir algo a mí? Si padeces de pudibundez o de algún prejuicio psicológico respecto al lenguaje que libremente utilizamos los demás, te recomiendo que leas un artículo que publiqué aquí, en Cabra Digital, titulado "Elogio de la procacidad". En él defiendo la libertad de expresión frente a la tiranía del lenguaje modosito, que es el que parece que prefieres tú. A mí, como liberal, me parece muy bien que emplees el lenguaje que te salga a los cojones, pero no pretendas imponerme a mí, a mis casi 60 años, que hable como una novicia de las de antes, por mucho que parezca gustarte a tí ese modo de hablar. Yo hablo y escribo como me viene al bolo, y por supuesto, siempre pretendo convencer, porque creo en mis opiniones. Artículo 20 de la Constitución.
 
Y si te sientes injuriada porque yo hable como me de la gana, vete a los tribunales y plantea lo que te plazca. Pero te advierto que la denuncia falsa viene tipificada en el artículo 456 del Código Penal, y que no necesita del concurso de dolo para prosperar. El que avisa no es traidor.
 
Otra cosa: Noto en tu misiva que ya no te acuerdas de tu admirado secretario. Pobrecito, qué pronto lo has abandonado, aunque en cierto modo hay que reconocer que todo lo que había que decir sobre él, ya está dicho. Quede así la cosa.
 
Me alegra que hagas muchos amigos en tu trabajo. Parece que reconoces que yo tenía razón en eso de que al trabajo hay que ir a hacer amigos. Celebro que opines igual que yo. El hecho de que te dejes la piel en el trabajo desempeñándolo con total vocación sirviendo a los administrados es una prueba evidente de que tú vas al trabajo a hacer amigos, como yo, y de que te interesan ante todo las personas. Pero no me negarás que este modo de trabajar no es el que tú defendías en tu carta del 30 de abril, en donde decías que hacer amigos es una cuestión opcional, es decir, no troncal, del trabajo. Celebro que mi carta abierta anterior te haya servido para clarificar tu concepto de trabajo.
 
También celebro -celebraré, si vivo- que en tu jubilación te queden tantas cosas como dices que te van a quedar, aunque me parece un poco psicodélico afirmar con tanta rotundidad lo que te deparará el futuro, sobre el que ni tú ni yo tenemos ni puta idea. De la misma manera celebro que te reconozcas psicodélica y que adoptes para ello las acepciones que te plazca, aunque tengan sentido distinto de las que yo expresé. Como diría Serrat, que tanto te gusta, "cada loco con su tema". Por cierto, a mí también me gusta Serrat porque es un verdadero poeta y en ese sentido, está al nivel de los Beatles en cuanto a genialidad, pero lamento que te gusten otros tipos tan rústicos como Paco Ibañez, Jarcha, Labordeta o Víctor Jara, todos ellos con un virtual olor a sobaco. De todas formas, viva la libertad, que cada cual tenga los gustos que quiera.
 
Lo que me parece un poco sospechoso es esa lucha tuya por la igualdad, porque en referencia a lo que hemos dicho antes sobre el tipo de lenguaje, mucho me temo que probablemente tú entiendas por igualdad que los demás se igualen a tí, esto es, que hablen como tú hablas, que opinen como tú opinas, que piensen como tú piensas, etc. Te lo voy a repetir una vez más: Yo prefiero ante todo la libertad, por encima de la igualdad; o si quieres te lo diré de otra manera: La igualdad más radical del hombre es que todos tenemos igual libertad, que nos posibilita para no soportar la tiranía de que los demás quieran igualarnos a como son ellos.
 
Dentro de ese respeto a la libertad hay una regla elemental de convivencia con los demás: Se enjuician hechos, pero no las personas. Se analizan cuestiones de fuero externo, pero no se hacen juicios de valor sobre las personas. Yo te podré preguntar que quien coño te crees que eres para algo, pero no debo afirmar "tú eres tal cosa".
 
Digo esto porque en tu última misiva, casi al final, dices lo siguiente: "Ahora comprendo por qué es usted un ser tan amargado". Como quiera que es una descalificación de menor entidad, no te la voy a tener en cuenta, pero me imagino que te darás cuenta de que es una descalificación. No es lo mismo demostrarte en 5 ocasiones en mi carta anterior que estás fuera de la realidad y decirte que eres psicodélica que aplicar un adjetivo negativo, como tú has hecho, que además es calumnioso como puede probar todo el que me conoce, ya que hace muchos años que no me cabreo con nadie, y eso lo sabe todo el que me conoce, y no tú, que no me conoces prácticamente nada. Otra cosa es que emplee un lenguaje grueso y lleno de procacidades ¿Sabes por qué? En segundo lugar porque soy español, y el lenguaje español sin groserías es una mariconada. Y en primer lugar, porque me sale a los cojones, es decir, por una íntima razón de libertad.

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Carta abierta de una ‘psicodélica’ al Sr. Moya Somolinos

Sr. Moya: Vamos a dejar las cosas claras. En primer lugar le diré que no me molesta que me trate de tu, aunque preferiría que no lo hiciera. Yo me reservo el tuteo para la familia, los amigos y las personas de confianza y usted no reúne ninguno de esos requisitos. Ni siquiera somos “en cierto modo” compañeros, por el simple hecho de que ambos seamos empleados públicos en la Administración Local. Para mí el compañerismo es otra cosa. Yo nunca me dirigiría a un compañero/a de la forma en que usted se ha dirigido a mí.

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